Suele empezar con algo que, contado al día siguiente, parecería casi insignificante: un mensaje sin respuesta, un compromiso olvidado, un tono percibido como distante o una decisión tomada sin consultar. Uno intenta explicar lo que le ha dolido; el otro se siente acusado y responde corrigiendo los hechos. En pocos minutos ya no hablan de lo ocurrido. Discuten sobre quién empezó, quién exageró, quién recuerda mejor y quién ha sufrido más. Ambos tienen argumentos válidos, pero ninguno se siente realmente comprendido.
En los conflictos de pareja, la necesidad de tener razón rara vez se refiere solo a la razón. Bajo la precisión de nuestras palabras pueden esconderse el miedo a no importar, a ser malinterpretados,…
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